VITRINA EN SAN PETERSBURGO

Para mi resulta increíble pensar en cómo llegué a viajar tanto siendo que vengo de la pequeña y escondida ciudad de Quillota, pero las vueltas del destino y las desiciones que se van tomando me llevaron a conocer y moverme por muchos sitios que jamás me había imaginado. Yo siempre digo que tengo tres ciudades favoritas de las que he conocido: Estambul en Turquía, Lisboa en Portugal y San Petersburgo en Rusia… por qué? La respuesta para mi es que todas ellas tienen una gran personalidad, aumentada por el carácter de la gente que vive en ellas, pero además increíblemente grandes por el peso de la historia. A San Petersburgo llegué por el trabajo que realicé en los barcos de crucero y por esta razón me tocaba pasar allí dos días y una noche de la semana, cosa que se agradecía enormemente ya que me dio la posibilidad de andar y moverme como si fuera un local (bajo y moreno pero igual me sentía así). Esta ciudad llena de inmensos edificio que dan la idea que jamás hubiese pasado por alguna guerra, ni menos por los bombardeos alemanes de la segunda guerra mundial. Mientras atracábamos en las orillas del río Neva yo no hallaba las horas para poder salir del barco, recorrer las calles a orillas del río y cruzar el puente para luego de pasar el museo Hermitage llegar a la bella Avenida Nevsky. Era tanto mi fanatismo por recorrer la ciudad que un par de veces que tuvimos que atracar en un puerto lejano hasta tomé una micro local para llegar al metro y luego irme en metro al centro de la ciudad… sin hablar niuna palabra de ruso!!!

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[/ezcol_2third] [ezcol_1third_end]En fin, esos detalles me hicieron encantarme aun más con esa ciudad llena de edificios que me hacía sentir como que el pasado y el presente se juntaban en una amalgama de sonidos, colores, cemento, gente y luces por todos lados. En uno de esos atardeceres eternos de la ciudad en verano, recuerdo haber estado paseando por la gran avenida Nevsky disfrutando del clima, el viento (que siempre es diferente y rico cuando se está viajando) y de mirar a la gente pasar.  Durante uno de estos paseos es que llegando a una esquina me encontré con esta vitrina que me mostraba los colores de la tarde impregnando un edificio al otro lado de la calle, a mis espaldas, y a esa modelo de plástico que tan contemporánea ni siquiera se dignaba a mirarme… era como una escena d runa película, o una página de revista de moda. En esos viajes yo solo usaba una cámara portátil dada la versatilidad que me permitía y lo fácil que era mezclarme entre la gente sin que se alarmaran con una gran DSLR. La cámara que usé para tomar esta foto es mi querida y nunca bien ponderada Canon G10, en este caso con el lente en gran angular equivalente a un 28mm. La toma fue hecha a f8 y velocidad de 1/50 de segundo. Se nota como que estuviera un poco movida, pero creo que es la refracción que se produce por el grosor del vidrio de la vitrina, cosa que no me molesta en lo absoluto al darle valor a la toma.[/ezcol_1third_end]

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